Santo Domingo. – La protección de la creatividad en la República Dominicana ha entrado en una nueva etapa. La Oficina Nacional de Derecho de Autor (ONDA) reporta un crecimiento sin precedentes en el registro de obras, reflejo de un cambio estructural en la forma en que los creadores gestionan su propiedad intelectual.
De acuerdo con su director, José Ruben Gonell Cosme, la institución pasó de procesar alrededor de 1,400 registros anuales a alcanzar cerca de 34,000 obras protegidas en 2025, una evolución que marca un punto de inflexión en la cultura jurídica del sector creativo.
La tendencia no solo se mantiene, sino que se acelera. En abril de 2026, más de 19,000 registros fueron tramitados, evidenciando que cada vez más autores, desarrolladores y emprendedores comprenden el valor estratégico de proteger sus creaciones.
De la informalidad al activo económico
El crecimiento no se limita a las industrias tradicionales. La ONDA ha ampliado el alcance del derecho de autor a más de 60 categorías, incluyendo software, videojuegos, diseños y hasta recetas, lo que posiciona la propiedad intelectual como un activo clave dentro de la economía digital.
Este avance ha estado acompañado de mejoras en el entorno institucional, como la formalización del uso de licencias tecnológicas en el Estado, una medida que contribuyó a fortalecer la confianza internacional y a mejorar la percepción del país en materia de seguridad jurídica.
Impacto en la inversión y la competitividad
Uno de los efectos más relevantes de este proceso ha sido la salida del país de la Lista de Observancia 301, un indicador seguido de cerca por inversionistas internacionales. Este cambio envía señales claras sobre el fortalecimiento del marco legal dominicano para proteger activos intangibles.
En particular, el registro de software ha experimentado un auge significativo, abriendo oportunidades para que desarrolladores locales moneticen sus creaciones en un entorno más seguro y regulado.
Brechas y desafíos persistentes
A pesar del crecimiento, persisten rezagos en sectores como el editorial, donde el volumen de registros sigue siendo bajo en comparación con otras áreas creativas. Esta disparidad revela que, aunque la cultura de protección avanza, aún existen segmentos que no han internalizado el valor económico del registro.
En paralelo, la lucha contra la piratería continúa siendo un reto. La estrategia institucional ha priorizado la educación y conciliación, aunque mantiene mecanismos de acción legal en coordinación con las autoridades competentes.
El reto tecnológico en el horizonte
El avance de tecnologías como la inteligencia artificial introduce nuevas complejidades en la protección de derechos de autor, obligando a adaptar marcos legales y capacidades técnicas. Sin embargo, las autoridades sostienen que el país avanza hacia un modelo donde la creatividad no solo se produce, sino que se protege y se capitaliza.
En ese contexto, el crecimiento en los registros no es solo una cifra: es un indicador de madurez en una economía que comienza a reconocer el valor real de sus ideas.



